¡Viva Las Vegas!

Este fue otro de los viajes en los que había un propósito concreto para visitar la ciudad. En este caso, al contrario de lo que sucedió en Manchester, la ciudad no consiguió ni por asomo dejar de lado ni olvidar el propósito. En primer lugar, porque iba a Las Vegas a casarme y, claro está, solo faltaría que lo hubiese olvidado por mucho que la ciudad se hubiese empeñado. En segundo lugar, es que la ciudad ni se tomó la molestia de empeñarse. La cara que nos mostró fue la de una ciudad superficial y pasada de vueltas. Una ciudad a la que no le han ayudado muchos las películas en las que ha sido protagonista porque lo que se ve es lo que es: Casino, Resacón en Las Vegas…

A lo mejor el problema es que a Las Vegas uno no va a casarse, uno va a celebrar la despedida de soltero con los amigos. O si se casa es después de una noche loca con alguien al que acaba de conocer. Elegir Las Vegas para buscar hacer turismo tranquilo, conocer la ciudad o tener la intención de casarse con la persona que es tu pareja es como ir al Vaticano a buscar fiesta o casinos. Nos vas a Las Vegas para todo lo que no sea fiesta, juego, más fiesta y más juego de la misma manera que no vas al Vaticano para todo lo que no sea arte e historia.

Al atardecer, los viandantes generalmente son grupos de chicos y chicas en busca de fiesta y los que van solos hace días que están de fiesta y no saben ni dónde se encuentran. Durante el día, y por lo menos en verano, la temperatura es tan alta que el recorrido se hace en el interior de los edificios y centros comerciales y entre ellos. Casi todos están interconectados para que no tengas que salir a la calle. Ni a pasar calor ni a dejar de jugar, ya que hay máquinas de juego en todos y cada uno de ellos. Al llegar o salir del hotel, tienes que pasar por las diferentes mesas de juego repletas de gente las 24 horas del día. Hasta lo primero que ves al pisar el aeropuerto son las máquinas.

Fiestas y juego a parte, el recuerdo es lo que siempre queda y casi siempre coincide con el propósito del viaje. Así que, como decía al principio, siempre me quedará esta ciudad en el recuerdo para poder decir que yo me casé en Las Vegas. ¡Viva Las Vegas!

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