Yangón

Viajar a Myanmar (la antigua Birmania) es como pasar de nivel en el mundo viajero. Es uno de eso países que no pueden faltar en tu lista y al que debes ir al menos una vez en la vida. Porque es un lugar donde parece que el tiempo se detuvo durante algún tiempo y en donde la pobreza campa a sus anchas. Pero, como en casi todos los países pobres, la felicidad también campa a sus anchas entre sus habitantes que te reciben con una sonrisa. Aquí no hay prisa, pocas cosas de las que preocuparse porque no tienen mucho ni tampoco lo ansían.

Las mujeres y los niños van con la cara pintada de Thanaka, una pasta que se consigue moliendo la corteza del árbol con el mismo nombre. Además de protegerles del sol, se utiliza como maquillaje y algunas mujeres se dibujan formas en mejillas y resto del cuerpo. La vida se hace mayoritariamente en las calles y en los templos. Los fines de semana, los templos son el punto de reunión de familias enteras donde pasan el día comiendo, charlando y los niños jugando. Para visitar estos templos, te debes descalzar y cubrirte las piernas con unas telas a modo de falda.

Una muy buena opción para conocer la vida birmana es coger un tren que hace un recorrido circular de unas tres horas de duración. Este tren te lleva por los alrededores de la capital y viajas con personas que lo utilizan para desplazarse en su vida diaria. En cada estación hay montado unos mercados improvisados de comida donde la gente vende sus productos cocinados o de la tierra y el resto compra, come y pasa el rato. La capital, como muchas ciudades asiáticas, es un mini caos de coches, gente, ruido, edificios en muy mal estado de conservación, muchos perros callejeros y mucha vegetación silvestre creciendo por todas partes.

Los niños y algunos jóvenes de Yangón aún se asombran y se divierten cuando ven a un occidental pasar a su lado. En ocasiones, te piden si se pueden fotografiar contigo y sus caras de felicidad lo dicen todo. O casi todo, porque a lo mejor ellos no se dan cuentan de que nuestras caras transmitían incluso más felicidad y asombro que las suyas. Lo único que nos faltaba era Thanaka.

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