El Festival de Harbin (y III)

Una vez de vuelta al hotel con mi conciencia ya recuperada, nos disponemos a prepararnos para la verdadera razón de nuestro viaje: ver el festival de hielo y nieve. Antes de salir del hotel, y quien pueda, que intente poner en práctica la innovadora técnica de las tres capas. El festival se visita al anochecer para poder disfrutar de las luces, así que ahora el frío ya es cuestión de supervivencia.

El Festival de hielo y nieve de Harbin es un gran parque de atracciones de luces y colores, sin nada que hacer especialmente. Por eso, y a pesar de estar lleno de gente, no hay colas ni multitudes congregadas en ningún lugar en especial. Simplemente caminas entre la gente y los edificios de hielo iluminados. Hay decenas de edificios de todo tipo construidos con grandes bloques de hielo. En algunos hay toboganes para deslizarse durante unos segundos por el hielo y añadir así un punto de diversión. Al querer grabarme mientras bajaba por uno de ellos, mi mano casi se congela. No te das cuenta de lo que pasa hasta que intentas moverla, parecía una mano biónica.

En cuanto a temáticas, no hay una organización especial, paseas por el recinto y ves grandes pagodas, palacios orientales, algo parecido a una mezquita, grandes estatuas budistas, de todo. También hasta aquí han llegado las grandes marcas occidentales como Coca-Cola para anunciarse con una botella gigante hecha, como no, de hielo. Y también aquí, como en la ciudad durante el día, hay que entrar cada cierto tiempo en alguna de las cafeterías que hay para evitar que el frío se apodere de nuestro cuerpo.

Al cabo de no más de tres horas y no menos de veinte bebidas calientes, es hora de regresar al hotel. Se acerca el final de nuestro viaje. Se acerca el final de una experiencia más, esta vez, pasada por hielo. He tenido, y sigo teniendo, muchas ganas de vivir experiencias que solo se pueden tener viajando y viviendo como un nómada. Desde navegar entre ballenas hasta ver amanecer entre moais, pasando por una boda en primera persona en Las Vegas. Por eso, Harbin siempre tendrá un lugar en mi corazón por ser el lugar que me regaló la sensación de estar viviendo unos días a treinta grados bajo cero.

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