Praga

Hoy llegamos, por fin, a Europa. Nada menos que a la vieja Europa. La Europa de los cuentos de hadas, mujeres hermosas, la mejor cerveza del mundo y las gentes más antipáticas por metro cuadrado del continente: Praga. Como en casi todas las ciudades europeas, su centro histórico es lo que vale la pena recorrer y perderse por sus calles estrechas y empedradas. Es Patrimonio de la Humanidad desde 1992 y pese a estar un poco masificado por culpa del turismo, no es difícil encontrar algún rincón donde tomar un café o una buena cerveza entre checos. Es una ciudad perfecta para visitar en pareja (de enamorados a poder ser).

La ciudad es atravesada de norte a sur por el río Moldava, y este a su vez es atravesado por el puente de piedra más antiguo de Europa. El puente de Carlos es el principal atractivo turístico de Praga, reconvertido en la actualidad en una rambla peatonal con más de 500 metros de longitud. Si eres de los que cree en la suerte, no te olvides tocar la base de la estatua de San Juan Nepomuceno, un tipo al que arrojaron al río para después nombrarlo santo de Bohemia y patrón de numerosas causas. Lo reconocerás por la cola de gente que hay esperando su suerte y porque la base está totalmente pulida de tantas caricias. Otro de los puntos calientes de la ciudad, además del castillo, es la plaza del ayuntamiento. Aquí se encuentra el reloj astronómico más antiguo del mundo aún en funcionamiento. En 2015 hizo 605 años, nada más y nada menos. He intentado encontrar algún Casio de la época pero nada, es increíble.

Los tranvías de Praga son parte reconocible de su paisaje urbano. Y también uno de sus peligros, ya que tienen prioridad absoluta. Tienen acceso al centro, así que coger uno sin destino predeterminado es la experiencia de libertad de movimientos más recomendable. El único inconveniente es que te mostrará el resto de la ciudad que nada tiene que ver con el centro, y eso significa que descubrirás también a la Praga gris y menos atractiva. Pero para nada insegura, o por lo menos no más que cualquier otra ciudad europea (exceptuando Barcelona, claro).

Al final, e independientemente de si has cogido un tranvía que te ha llevado hasta un barrio aburrido y gris, o de si tienes pareja o no, Praga está envuelta en un halo de romanticismo medieval que convertirá tu experiencia en recuerdos para siempre, aunque para siempre hagas 1viajealdia.

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