Altos de Chavón

Para los amantes de la buena vida y los pequeños detalles que la hacen menos inhóspita, hoy viajamos hasta la República Dominicana. Centro de reunión de las mejores playas del mundo para disfrutar todos los días del año, hacemos un alto en el camino y visitamos uno de los lugares con más encanto del Caribe: Altos de Chavón. Se trata de una pequeña réplica de un pueblo mediterráneo del siglo XVI, situado al este de la isla, a medio camino entre Santo Domingo y Punta Cana. Construido en 1976, cuenta la leyenda que fue un regalo de cumpleaños de un acaudalado empresario a su amada hija (casi nada). Se encuentra en lo alto de una frondosa colina con el río Chavón a sus pies. Testigo y compañero de viaje, este tranquilo y majestuoso río ha sido inmortalizado en películas como Apocalipse Now. Se puede bajar hasta la ribera en, exactamente, 364 escalones (que luego habrá que subir).

La experiencia de dar un paseo por las serpenteantes calles y descubrir los recovecos de Altos de Chavón es un viaje al pasado renacentista de la Italia de Miguel Ángel, Rafael y Leonardo da Vinci. Aunque todo lo que ves es artificial, esta pequeña villa es un centro cultural para habitantes, turistas y artistas de todo el mundo. Este capricho arquitectónico es la sede del Museo Regional de Arqueología, cuenta con numerosas galerías de arte, una pequeña capilla a la que llaman iglesia de San Estanislao, y la prestigiosa Escuela de Diseño Altos de Chavón. Cuenta también con un gran anfiteatro que si se visita estando vacío bajo la luz del sol dominicano se convierte en una experiencia casi mística. Fue inaugurado en 1982 por Frank Sinatra y yo puedo decir que estuve en un concierto del gran Juan Luis Guerra. Cuando empezó a sonar “Ojalá que llueva café”, al mismo tiempo, empezó a llover a cántaros y la gente se volvió como loca. No sé si esperaban a que lloviera café o es que hacía tiempo que no llovía.

Anécdotas a parte, no hay que olvidar que nos encontramos en la República Dominicana, y eso significa que en Altos de Chavón respiras la hospitalidad de una sonrisa (a cambio de unos pesos) y el ritmo caribeño que corre por sus calles. Calles donde encontrar tiendas de moda y joyas artesanales, souvenirs para todos los gustos, puros dominicanos (y también cubanos), restaurantes, bares musicales, y cafeterías. Todo al más puro estilo de la República Dominicana (ojo spoiler): entrada a veinticinco dólares, un café a cuatro, no te olvides de hacerte la foto con el burrito por cinco, no te olvides de darle algo a la banda de músicos que te recibe por otros cinco, no te olvides de darle una buena propina al camarero, no te olvides de… la cartera. Eso sí quién visita Altos de Chavón, no olvidará nunca que existe un lugar tan bello en la República Dominicana.

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