New York, New York

Capital de mundo, escenario cinematográfico por excelencia, la ciudad que nunca duerme… qué se puede decir de Nueva York que no se haya dicho ya. Pues lo mejor que se puede hacer es viajar a la Gran Manzana y descubrirlo por uno mismo. Porque lo primero que a uno le viene a la cabeza es: ¡pero si yo ya he estado aquí! Son tantas las veces que la hemos visto en la televisión y en el cine, y tantas veces que nos la hemos imaginado, que ha pasado a formar parte de nuestro imaginario colectivo. Al llegar a Nueva York, la imaginación se convierte en realidad. No es que veas a King Kong o a los Cazafantasmas en cada esquina, pero sabes que alguna vez estuvieron por aquí. Igual que tú, ahora.

Visitar Nueva York quiere decir callejear, y mucho. Tanto que al cabo del tercer día uno tiene que averiguar como se dice tirita en inglés. Aunque la herida vale la pena, sin duda. Los tres primeros días son un regalo para la vista y el oído. El gusto hay que dejarlo aparte, a no ser que nuestro paladar sienta debilidad por las hamburguesas o por los perritos calientes. Hasta incluso uno de los restaurantes más conocidos de la ciudad, el Katz’s Deli (donde se rodó la famosa escena del orgasmo fingido de Meg Ryan en “Cuando Harry encontró a Sally”), el bocadillo de jamón de ternera es la estrella. Pero la vista y el oído son otra cosa, se afinan con las escenas cotidianas y el ruido caótico que envuelve las calles: una limusina llevando a dos pequeños Bulldog por la quinta avenida, un grupo de cuatro músicos callejeros negros tocando blues en cualquier estación de metro, un paseo por Central Park (¡y saber que el Central Perk nunca existió!), cruzar el puente de Brooklyn en un día soleado, mirar al cielo desde el distrito financiero de Manhattan y entender lo que es un rascacielos, observar a lo lejos la Estatua de la Libertad y confundirla con un espejismo, asistir a un concierto de Mariah Carey en Rockefeller Center, el vapor que sale de las alcantarillas… ¡tan real todo! Pues sí, tan real como la vida misma de las películas, tan real como nuestra imaginación lo fue antes de visitar Nueva York.

Por cierto, tiritas en inglés son plasters.

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